Cuando hablamos de emprendimiento todo parece acción. Empezar, conseguir clientes, crecer, lanzar algo nuevo, ampliar servicios, colaborar con otras personas, alcanzar objetivos… Parece que siempre tiene que estar pasando algo que podamos identificar claramente como un avance, sin embargo, no siempre es así.
Hay temporadas en las que haces muchas cosas y los resultados apenas se mueven. Sigues trabajando, buscando posibilidades, hablando con personas, probando ideas y dedicando horas, pero tienes la sensación de que el proyecto está prácticamente en el mismo sitio. Y cuando esa situación se alarga empiezan las dudas y es cuando te preguntas si merece la pena seguir, si estamos haciendo algo mal, si deberíamos cambiar completamente de rumbo o si quizá ha llegado el momento de dejarlo.
Creo que estos periodos se cuentan bastante menos porque son difíciles de enseñar. Podemos compartir una nueva colaboración, un cliente, un evento o un proyecto que acaba de arrancar. No es tan fácil contar que llevamos meses trabajando y que, en realidad, no tenemos ningún gran resultado que mostrar y esa también es una parte bastante normal de emprender.
Un proyecto no mantiene el mismo ritmo durante toda su vida. Cambian las circunstancias, las necesidades de las personas, nuestra situación económica y personal, lo que funciona en el mercado e incluso nuestra propia forma de entender aquello que estamos haciendo. Algo que tenía mucho sentido cuando empezamos puede necesitar cambios unos años después.
Por eso, cuando llega una etapa de «estancamiento», además de seguir haciendo cosas para intentar salir de ella, puede ser interesante revisar qué estamos haciendo y para qué. Sobre todo esto último. Puede que haya una actividad que nos ocupa muchísimo tiempo y aporta muy poco. Que llevemos meses intentando llegar a un público que no está respondiendo. Que sigamos ofreciendo algo porque siempre lo hemos hecho, aunque ya no encaje demasiado con el proyecto. O simplemente que necesitemos probar otra forma de llegar al mismo sitio.
También puede ocurrir que después de revisar todo lleguemos a la conclusión de que hay algo que debemos cerrar. Y cerrar una parte de un proyecto, cambiar una idea o reconocer que algo no ha funcionado no borra todo lo realizado hasta ese momento. La experiencia sigue ahí y seguramente nos permita tomar la siguiente decisión con bastante más información que cuando empezamos.
Emprender tiene mucho de prueba y error. Algunas decisiones funcionan enseguida, otras necesitan tiempo y algunas no funcionan nunca. Lo difícil es distinguir cuándo necesitamos insistir un poco más y cuándo estamos insistiendo únicamente porque nos cuesta abandonar algo en lo que hemos puesto tiempo, dinero, ilusión o las tres cosas.
Por eso creo que también deberíamos hablar del estancamiento con más naturalidad. No para conformarnos con él, sino porque reconocer dónde estamos nos permite decidir qué hacemos después.
A veces habrá que seguir. Otras cambiar algo. Quizá parar durante un tiempo, pedir otra opinión, buscar nuevas posibilidades o cerrar una parte para poder dedicar nuestra energía a otra.
No existe una única respuesta porque tampoco existen dos emprendimientos iguales. Pero atravesar una temporada en la que las cosas no avanzan como esperábamos no convierte todo el recorrido anterior en un error…Forma parte de emprender, aunque sea una de esas partes que enseñamos bastante menos.
Con gratitud,







