Verónica González: emprender desde el alma
En esta nueva edición de Ellas Emprenden quiero presentarte a una mujer que ha hecho del crecimiento interior su camino de vida y de trabajo.
Ella es Verónica González, argentina de origen y emprendedora del desarrollo personal. Desde su proyecto Creser con Vero, acompaña a personas en procesos emocionales y de transformación interior.
Pero, como ocurre muchas veces en los emprendimientos con propósito, su proyecto no nace solo de una idea de negocio. Nace de la experiencia, de la búsqueda personal y del deseo profundo de ayudar a otras personas a comprender lo que sienten y a encontrar su propio camino.
Verónica trabaja como coach y terapeuta, especialmente acompañando procesos delicados como situaciones de violencia de género. Su mirada combina herramientas de crecimiento personal, espiritualidad y escucha profunda.
Con el tiempo, su inquietud por ayudar también llegó a otro lugar importante: la infancia.
De ahí nacen sus libros.
Verónica es autora de cuentos que buscan acercar a niñas y niños a la gestión de las emociones y a la espiritualidad desde un lenguaje sencillo. Entre ellos están “El secreto de Velaa” y “Naira y el cofre de koa. El tesoro de Ho’oponopono”, historias que abordan emociones como la ansiedad, el miedo o la tristeza a través de la narrativa y la imaginación.
Sus libros no son solo cuentos. Son pequeñas herramientas para acompañar a las niñas y niños en su mundo emocional.
Y aquí aparece algo que me gusta destacar cuando hablo de emprendimiento femenino.
A veces pensamos que emprender es solo crear una empresa, lanzar un servicio o abrir un negocio. Pero hay otro tipo de emprendimiento.
El que nace cuando una persona decide poner su experiencia, su sensibilidad y su aprendizaje al servicio de otras.
Eso es lo que hace Verónica.
Su proyecto une acompañamiento emocional, desarrollo personal y educación emocional para la infancia. Un camino que habla de crecimiento, de conciencia y de propósito.
Porque hay emprendimientos que nacen en un despacho. Y otros que nacen en el alma.
El de Verónica pertenece claramente a estos últimos.
Con gratitud,







