Empezamos un nuevo curso y parece que septiembre viene acompañado inevitablemente de nuevos objetivos, proyectos, decisiones y cosas que queremos hacer de otra manera. Tener planes está bien y querer avanzar también, pero a veces estamos tan pendientes de lo siguiente que apenas nos damos tiempo para reconocer lo que ya está ocurriendo.
En el trabajo pasa con bastante frecuencia. Conseguimos algo que llevábamos tiempo buscando y enseguida aparece el siguiente objetivo, terminamos una tarea complicada y ya estamos pensando en la que espera detrás, aprendemos algo nuevo y nuestra atención se va directamente hacia todo lo que todavía nos queda por aprender. Parece que siempre hay un escalón más y, si no tenemos cuidado, podemos pasar mucho tiempo subiendo sin detenernos nunca a mirar todo lo que ya hemos recorrido.
Y no hablo de conformarnos ni de perder las ganas de avanzar, porque valorar lo que tenemos no significa renunciar a lo que queremos. Podemos tener proyectos, querer crecer, cambiar cosas que no funcionan y aspirar a algo diferente, pero también podemos permitirnos reconocer aquello que hoy sí está bien, las personas con las que da gusto trabajar, algo que hemos aprendido, una dificultad que ahora manejamos mejor o incluso esas pequeñas cosas cotidianas que solo echamos de menos cuando dejan de estar.
Quizá hemos asociado demasiado el progreso con mirar hacia delante y demasiado poco con ser conscientes del lugar al que ya hemos llegado. Y eso tiene un riesgo: convertir nuestra vida en una espera permanente de lo siguiente. Cuando consiga esto, cuando cambie aquello, cuando llegue esa oportunidad… y mientras tanto, el presente sigue pasando.
Por eso, para comenzar este nuevo curso, la propuesta puede ser muy sencilla. Antes de escribir todo lo que quieres conseguir durante los próximos meses, escribe también tres cosas de tu vida laboral que hoy tienes y que hace algún tiempo quizá habrías deseado tener. No tienen que ser grandes logros. Después míralas un momento sin convertirlas inmediatamente en el punto de partida de otro objetivo.
Porque seguir avanzando es importante, pero también merece la pena disfrutar durante un rato de aquello que un día fue precisamente el lugar al que queríamos llegar.
Y quizá la pregunta para comenzar este curso no sea solamente ¿hacia dónde quiero ir?, sino también: ¿Estoy disfrutando de algo que un día deseé tener o ya estoy demasiado ocupada pensando en lo siguiente?
Con gratitud,







