Cuando se habla de cansancio, casi siempre pensamos en falta de descanso, en dormir más horas, en desconectar unos días o en bajar el ritmo para recuperar energía. Y probablemente todo eso ayude, porque el cuerpo necesita pausas y la mente también. Sin embargo, existe un tipo de cansancio que no siempre desaparece descansando y que muchas veces tiene más relación con la forma en la que vivimos determinados entornos que con la cantidad de trabajo en sí misma.
Es el cansancio que aparece cuando una persona pasa demasiado tiempo en ambientes tensos, cuando siente que tiene que demostrar constantemente lo que vale, cuando convive a diario con dinámicas que desgastan poco a poco aunque desde fuera parezcan normales o cuando el entorno obliga a mantenerse siempre alerta, adaptándose continuamente al humor, al ruido, a las prisas o a determinadas formas de relacionarse que terminan consumiendo mucha más energía de la que imaginamos. Y curiosamente, ese cansancio no siempre se nota a simple vista.
Hay personas que siguen cumpliendo con su trabajo, llegando puntuales, resolviendo tareas y manteniendo aparentemente la normalidad mientras por dentro sienten un desgaste difícil de explicar, porque no todo agotamiento viene de hacer demasiado. A veces también aparece cuando falta tranquilidad, cuando cuesta sentirse valorada, cuando el ambiente deja poco espacio para trabajar con calma o cuando el día a día termina alejándose demasiado de la manera en la que una persona necesita relacionarse con su entorno para sentirse bien. Y quizá ahí exista algo importante sobre lo que reflexionar.
Porque hablamos mucho de productividad, de objetivos, de resultados o de rendimiento, pero bastante menos de la energía emocional que consumen determinados ambientes laborales y de cómo esa tensión sostenida termina afectando no solo al trabajo, sino también a la forma en la que una persona escucha, resuelve, se relaciona con otras o incluso llega a casa después de la jornada. Quizá por eso hay cansancios que no desaparecen solamente descansando. Algunos empiezan a aliviarse cuando cambian ciertas dinámicas, cuando aparece un entorno más humano o cuando una persona deja de sentir que tiene que sobrevivir emocionalmente mientras intenta simplemente hacer su trabajo.
A veces las personas no necesitan descansar más… sino vivir con menos tensión.
Con gratitud,
Natalia P.V.







