Hay perfiles que nunca encajan del todo, porque para algunos procesos son “demasiado”, con demasiada experiencia, demasiada edad o demasiado recorrido, mientras que para otros, en cambio, resultan “insuficientes”, como si siempre faltara algo. No es que no haya valor, es que no hay encaje en los filtros.
Hay personas que han hecho muchas cosas a lo largo de su vida, que han trabajado, aprendido, se han adaptado y han sostenido situaciones complejas sin que nadie les enseñara cómo hacerlo. Son trayectorias que no son lineales, pero que sí tienen coherencia cuando se miran con calma. Sin embargo, el mercado prefiere perfiles claros, fáciles de clasificar, que se puedan leer rápido, con una etiqueta definida, un puesto concreto y una dirección reconocible, y todo lo que se sale de ahí genera dudas.
Y en esa duda, muchas veces, se descarta, no porque no valga, sino porque no encaja en lo esperado.
Hay quien ha cambiado de sector varias veces, quien ha tenido que empezar de nuevo más de una vez, quien ha aceptado trabajos por necesidad y no por elección, y quien ha ido sumando experiencias que no siempre conectan sobre el papel, pero que han construido una capacidad real para sostener, resolver y seguir adelante. Nada de eso aparece como una ventaja; al contrario, a veces se convierte en motivo de descarte.
Así es como alguien puede resultar demasiado para unos e insuficiente para otros, quedando en medio personas que siguen intentando encontrar un lugar donde no tengan que justificarse constantemente.
En Currículum Borrado seguimos mirando estas trayectorias que no encajan en los moldes habituales, no porque estén mal construidas, sino porque el sistema no siempre sabe leerlas. Quizá no se trate de encajar, quizá se trate de ampliar el marco.
¿Y si el problema no fuera el perfil… sino el filtro?







