Esta semana me he acercado a Bizkaia Aretoa para conocer la exposición Cuadernos de viaje, de Pedro Cano, y asistir a la conversación que mantuvo con Miguel Zugaza. Hasta que recibí la invitación de la UPV/EHU no conocía a Pedro Cano, pero la curiosidad me llevó a buscar información sobre él, conocer parte de su trayectoria y acercarme a su obra antes del encuentro. Una cosa es leer sobre alguien y otra muy distinta escucharle hablar de aquello que ha vivido y creado durante tantos años, y creo que eso fue precisamente lo que más me sorprendió: su cercanía, su naturalidad, su manera de contar sus viajes, de hablar de pintura y, sobre todo, su manera de mirar.
Antes incluso de entrar en la sala tuve una de esas casualidades que terminan formando parte de la experiencia. Compartí un rato de conversación con dos parejas encantadoras y después descubrí que eran amigos de Pedro desde hacía muchos años. Ya durante el encuentro, mientras le escuchaba hablar de esos cuadernos que le han acompañado durante décadas, hubo algo que despertó especialmente mi curiosidad y, cuando llegó el turno de preguntas, fui una de las primeras personas en intervenir:
¿Qué hace que un momento o un lugar entren en tus cuadernos? ¿Por qué un momento determinado o un paisaje determinado entra y otro no?
De su respuesta me quedé especialmente con la importancia de lo vivido más allá del papel o de la tela, y con esa mirada pictórica que aparece antes incluso que la necesidad de contar una historia. Después he seguido leyendo sobre su trabajo y he entendido todavía mejor algunas de aquellas palabras, porque sus cuadernos no son únicamente dibujos de los lugares por los que ha pasado; en ellos hay décadas de viajes, trabajo, observación y vida. Quizá por eso, al recorrer la exposición, tuve la sensación de que aquellos cuadernos no hablan solamente de lugares, sino de aquello que, entre todo lo que encontró en el camino, consiguió detener su mirada.
Al finalizar pude cruzar unas palabras con Pedro y me dijo que la pregunta le había parecido muy buena. Le pedí un autógrafo, dejé también unas palabras en el libro de visitas y me fui con algo bastante más importante: la sensación de haber conocido, detrás del enorme artista, a una persona cercana, sencilla y extraordinaria.
Gracias a la UPV/EHU por la invitación y a todas las personas que han hecho posible este encuentro y esta exposición. Y gracias, Pedro Cano, por compartir no solo tu obra, sino también tu forma de mirar.
Para quienes quieran conocer un poco más sobre Cuadernos de viaje y este encuentro, dejo en comentarios, la crónica publicada por la UPV/EHU:
Cuadernos de viaje de Pedro Cano — UPV/EHU
Con gratitud,


