Hay personas que llevan años ocupando el mismo puesto y, cuando miramos su currículum, parece que durante todo ese tiempo han hecho prácticamente lo mismo. El mismo nombre, funciones parecidas y una trayectoria que, vista desde fuera, puede parecer estable pero también poco cambiante. Sin embargo, permanecer en un puesto no significa permanecer en el mismo lugar.
Durante esos años una persona puede haber aprendido a resolver problemas que antes no sabía afrontar, convertirse en referencia para quienes llegan, asumir responsabilidades que nunca se incorporaron oficialmente a sus funciones, participar en proyectos, formar a otras personas, proponer mejoras o desarrollar una capacidad para entender el funcionamiento de la organización que difícilmente se aprende en un curso.
El problema aparece cuando todo ese crecimiento no tiene un reflejo real. La persona evoluciona, pero el puesto sigue llamándose igual. Sus capacidades aumentan, pero las oportunidades no llegan. Y con el paso del tiempo puede ocurrir algo curioso: aquello que en un principio parecía estabilidad termina convirtiéndose en una etiqueta…“Siempre ha hecho esto.” Una frase aparentemente sencilla que puede borrar años de aprendizaje.
Porque cuando conocemos a alguien dentro de un determinado entorno tendemos a seguir mirándolo desde el lugar en el que lo conocimos. Nos acostumbramos tanto a lo que hace que dejamos de preguntarnos qué más podría hacer. Incluso podemos reconocer que es responsable, resolutivo, comprometido o capaz de asumir situaciones complejas y, aun así, no imaginarlo ocupando otro espacio.
Fuera ocurre algo diferente. Una persona nueva no conoce esa etiqueta ni sabe cuál ha sido “su sitio” durante los últimos diez o quince años. Mira las capacidades, escucha la trayectoria, pregunta por lo que ha hecho y, a veces, descubre posibilidades que dentro dejaron de verse hace tiempo.
Por eso hay personas que sorprenden cuando cambian de empresa, de proyecto o de entorno. De repente coordinan, forman, lideran, crean o toman decisiones y quienes las conocían antes pueden llegar a preguntarse cuándo aprendieron a hacer todo eso. Probablemente no lo aprendieron al marcharse. Ya estaba ahí.
En Currículum Borrado hablamos mucho de aquello que no aparece en un currículum, pero también merece la pena hablar de lo que sí aparece y puede llevarnos a una conclusión equivocada. Permanecer muchos años en un mismo puesto nos dice dónde ha trabajado una persona, pero no necesariamente hasta dónde ha crecido mientras estaba allí.
Quizá por eso, además de preguntarnos cuánto tiempo lleva alguien haciendo lo mismo, deberíamos empezar a mirar cuánto ha cambiado esa persona durante ese tiempo.
¿Cuánto talento dejamos sin descubrir cuando confundimos el puesto que una persona ocupa con todo lo que esa persona puede llegar a hacer?
Con gratitud,







